La clase política norteamericana, funciona como una logia, porque es una logia, es el escenario exclusivista para el encuentro de la minúscula elite de iniciados que habita la cima de la pirámide social desde donde ejerce el poder. Esa casta, de apariencia posmoderna y sofisticación extrema, ideológicamente homogénea, políticamente coherente y económicamente afín, que no puede ser más refractaria al cambio, forma el segmento más reaccionario y conservador de la sociedad imperial.